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viernes, 24 de junio de 2022
lunes, 24 de junio de 2019
domingo, 24 de junio de 2018
sant joan (i IV)
19.
escric ara el teu nom
sobre el rompent
d'aquest mur que em travessa.
escric el teu nom obstinadament
mentre al luny la ciutat desperta
i sota l'asfalt ressona l'onada.
escric el teu nom sobre aquest mur
que el temps ha alçat paraula a paraula
mentre espere la teua arribada
i el pas de la llum d'una claredat
a l'altra.
anna montero
on els camins s'esborren
edicions del buc, 2018
sábado, 24 de febrero de 2018
sábado, 25 de junio de 2016
la segona revetlla, sense ella
T'evoco sota un vent que refulgeix amb cants pindàrics,
i les teves paraules són espases afinades.
No haurien de ser tan alades dalt d'aquesta serra clara,
perquè quan parles, fereixes la pell, em surt la sang brillant,
m'escolo poc a poc.
Atura, doncs, el teu discurs,
deixa estar aquests tentacles de foc viu,
mira aquest paisatge del vessant blavós i recollit
i vine'm a veure aviat.
Tinc la mateixa set i fam de Tàntal.
(d'Esbossos. Poemes i proses poètiques (obra inèdita)
en Obra poètica completa, Eudald Puig,
en Obra poètica completa, Eudald Puig,
Curbet Edicions, 2015, pàgina 398)
lunes, 11 de abril de 2016
Desterrament
La meva amiga ha partit aquesta alba;
de lluny, m'arriba el seu perfum
per entre camps de gira-sols.
Ella ha estat un salvatge diamant,
enmig d'un poble fantasmal;
és com un parc de gessamins.
Plàcida nit assossegada,
que passo ert com un monjo visionari,
les mans plegades.
Quan recordo les seves passes de lliri,
aquelles nits tan clares,
els rats-penats em roseguen el cor.
M'embriago amb vi pur i kif.
Oh, aquells temps que ja són lloses!
de lluny, m'arriba el seu perfum
per entre camps de gira-sols.
Ella ha estat un salvatge diamant,
enmig d'un poble fantasmal;
és com un parc de gessamins.
Plàcida nit assossegada,
que passo ert com un monjo visionari,
les mans plegades.
Quan recordo les seves passes de lliri,
aquelles nits tan clares,
els rats-penats em roseguen el cor.
M'embriago amb vi pur i kif.
Oh, aquells temps que ja són lloses!
de Parc de Gessamins (1987), Eudald Puig
(Obra poètica completa, Curbet Edicions, 2014)
martes, 31 de marzo de 2015
Perdona el ruido
No sé si entran los pies primero,
o tus pies podrían empujar
la lápida que te encierra o protege.
Tampoco sé, aunque sospecho lo primero,
si estás en línea o en paralelo
con la raya del mar, nuestro mediterráneo.
No te despiertes, te pienso, perdona el ruido,
y he levantado la cabeza
justo para ver los cipreses que te acompañan,
que señalan tu sitio, desde la carretera.
Es dulce y lento el vaivén de aguas saladas
que acompasa y acaricia tu recuerdo,
es suave y tranquila la balsa de tu memoria.
Son lágrimas, sí, pero acunan su propio consuelo,
porque echarte de menos es un poco recuperarte,
es tenerte cerca cuando quiero,
es alcanzarte y saludarte, y re-traerte y acompañarte.
No te despiertes. Perdona el ruido.
El tren sigue corriendo para llegar a Madrid
en menos de dos horas…
No te preocupes, siempre es el sol
quien te abre los ojos y calienta tus pies al tiempo,
y es el viento del mar quien roza tu oído más callado,
y el estruendo de las viñas reverdeciendo los sarmientos,
y el sonido de la fuente a la que ibas a por agua con tu padre,
y la música que oyes cuando nos repartes “caralelos” de piñones
y cuando cenas con nosotros tu verde ensalada de espinacas...
Recordarte siempre es volver a aquellos paseos,
antes o después del cine y de los libros,
por la Gran Vía o por Antic Regne,
o aquel del Parque del Oeste que nos abrió tantas puertas.
Hoy había eclipse y empezó la primavera.
No habrá alergia, ni migraña, este año.
No habrá rentas, ni comida en la playa.
Brilla una luna entrometida
después de estas fallas sin petardos
y llueve despacito como cuando te trajimos.
No te despiertes. Perdona el ruido.
20/03/2015 – 17:30 (aprox.)
martes, 24 de febrero de 2015
pensar en ella...
Su madre pondrá su foto en la mesa a mediodía
y un jarrón de flores junto a su plato...
P buscará y encontrará mejores ramas para ella
en cajas de cristal del botánico...
R encontrará ridículo enfadarse con su jefe
un día así y saldrá a comprar poesía...
Y los cuatro pedirán a las nubes que se acicalen un poco
para que hoy vuelva a brillar aquella risa tan limpia
porque hoy es su cumpleaños y es fiesta grande.
lunes, 9 de febrero de 2015
Nubes ajenas
No es Pablo, su sobrino, aunque su cara es tan parecida a la que recuerdo de él cuando tenía siete años, hace tantos. No defenderé esto delante de ningún juez, pero hay gente que sólo adquiere carta de naturaleza desde su libro de familia, tan grande es la fuerza de la “progenitura”.
No es ella, ni tampoco lo fue aquel día en septiembre. Nunca subió en esta línea de autobús mientras yo viajaba en él hacia el trabajo ni durante el regreso; pero a veces hay gente cuya carta de naturaleza es haber ocupado mucho, mucho espacio en el cosmos. El camino sí lo hicimos juntos algunas tardes, pero en coche, hacia los palacios del lecho seco del Turia, a por música.
El corazón salta hoy también, como en septiembre. Los ojos, pellizcados por una imagen más del cerebro que del aire, se abren mucho y regresan a su presa veloces. No es ella. Vuelve el río a su cauce. El caudal de mis ojos remonta hasta su valle cerrado y remoto entre las montañas. Desaguará el pantano otro día. No es ella hoy, tampoco.
La nube de datos, que conserva la conversación con su hermano el día de autos (mi hermana ha…), y la predisposición de gmail a incluir en los reenvíos su dirección de correo, CCO, antes que la de los vivos, transporta un poco más tarde alguno de sus gestos, aquellos tan suyos, su sonrisa siempre, su autismo a veces, su abrigo rojo de mercadillo, tan calentito… Fotos en la playa, contra el viento. Fotos en Venecia y en el Mar Muerto, contra el agua. Fotos en la Valldigna, contra las piedras. Fotos, en el álbum familiar, las de aquella biografía que creamos a golpe de voluntad y por querernos. Fotos, contra el olvido imposible.
Su recuerdo sí es ella. Su regreso, cada día, sin horas… Esas sorpresitas suyas que tanto amaba, como su última/primera tarjeta navideña, ¡felices navidad-fallas-pascua-verano-etc.!, estrellitas para todo el año que yo he reenviado copiando para el 2015.
Volví al tanatorio hace poco, casi siete meses después de su día. Saltó de mi llavero la cruz brasileña que me regaló, entre risas, para apretar los porros, hace veinticinco años. En aquel tiempo saltaban las cruces de su cuello en la ducha, como avisando de encuentros o disgustos. Y eran señales que iba ella recibiendo y que compartíamos en nuestra aventura de lidiar este mundo y los otros, en nuestro acercamiento al más acá y a las nubes, en nuestro aprehender la vida y asumir la muerte. Después, durante años, las páginas de algunos libros contaban capítulos exactos de su vida y la nuestra, nos avisaban y rememoraban momentos cruciales, nos ponían en contacto con esas otras dimensiones que no existen pero haylas. Cualquiera diría que ahora las señales me las envía ella a mí. Me cuesta mucho, o todo, creer en ellas, pero son poesía. Como besos.
Sus dedos de pianista siguen enredados entre las flores del almendro y sus ojos y su gesto entre las luces del tráfico. Pronto será su cumpleaños. Brillará un diamante, el nuestro, pequeñito, por encima de su pueblo, entre unos cipreses altos y ante Castilla, tan ancha, de camino a nuestro pueblo, que ya no es suyo ni es mío.
No sé en qué parada se ha bajado “no-Pablo”. Bajo yo en la mía. A veces una cara te saca del autobús y la media hora del viaje se hace paseo por nubes ajenas.
(La foto es de ella, y los efectos de color, también.)
jueves, 2 de octubre de 2014
martes, 2 de septiembre de 2014
Agua...
Mucha agua el 24 de junio.
Un sanjuan lluvioso el de 2014.
10 AM, muerte cerebral
y vida(s) donada(s).
MJ nos alcanza camino de la Santa Cova,
en Montserrat,
ella, tan castellana.
Ha corrido más, y nos espera con los ex-votos.
Mujer de señales, nos reclama
en el camino del rosario,
con misterios gozosos y dolorosos,
con llamadas interrumpidas
y entremezcladas,
con el desgarro de los hermanos
y los primos y las amigas.
Alguien, en la montaña, de nombre hermoso,
pidió atar un lazo de energías
entre las nubes, muy estrecho,
un abrazo, sin conocerla,
advirtiendo el hueco.
Y después han llegado las carreras
de quien más la quiso,
de quien más la extrañará,
de quien corrió menos,
de deudos y devotos...
Carrera perdida de antemano.
Corrió más que nadie la sangre,
anegando "su hermosa calavera",
y reclamó entonces, cuentan, el consuelo
para la madre como último suspiro,
mojando suelo, corazones y SAMU,
encharcando el mar
entre Sagunto y San Juan de Requena,
el día de la fiesta del bautista.
Señales.
Llovió mucho, todo el viaje.
Llovió también en Requena,
junto a la tumba de su padre.
Llovió en Valencia,
donde hicimos noche y donde se hizo vida,
con sus ojos y su entraña,
tan adorables, esa noche terrible.
Señales que M., compañera,
ilustró con tacto, hablando
en la casa de los muertos
de llamadas de vida, para otros,
para unos cuantos,
desde su penúltima cama...
Señales de libros, que de mano
de amigos muertos antes,
nos hablan de llamadas últimas,
ahora con hojas arrugadas,
secas tras el remojo de aquel día.
Señal también de un libro
de dedicatoria pendiente,
para leer de nuevo, yo creo.
Me pidió permiso para el Octubre, octubre,
y se lo di para facilitar el trago
(no sufras, ése vale)
de regalar y celebrar
un medio siglo sin ganas, el mío.
Que el suyo fue el año pasado,
y no hubo revuelo, tampoco,
aunque gracias a él hubo reencuentros
del grupo del cole y del insti.
Y recuperó amigos, que no perdió nunca,
porque siempre quiso mucho,
y porque nunca perdió el tiempo
regodeándose en rencores.
Se va secando la ramita de tomillo
que he cogido por compañía,
para ocupar el vacío
de mis pulmones, que en expirar
se vuelcan, que por vaciarse
anhelan. Que huela bien
su tiempo, su verso y su esquela,
como su piel entonces, solo la suya.
La vida sigue, sí, pese al desgarro,
sobre la herida cabe el abandono.
Un sanjuan lluvioso el de 2014.
10 AM, muerte cerebral
y vida(s) donada(s).
MJ nos alcanza camino de la Santa Cova,
en Montserrat,
ella, tan castellana.
Ha corrido más, y nos espera con los ex-votos.
Mujer de señales, nos reclama
en el camino del rosario,
con misterios gozosos y dolorosos,
con llamadas interrumpidas
y entremezcladas,
con el desgarro de los hermanos
y los primos y las amigas.
Alguien, en la montaña, de nombre hermoso,
pidió atar un lazo de energías
entre las nubes, muy estrecho,
un abrazo, sin conocerla,
advirtiendo el hueco.
Y después han llegado las carreras
de quien más la quiso,
de quien más la extrañará,
de quien corrió menos,
de deudos y devotos...
Carrera perdida de antemano.
Corrió más que nadie la sangre,
anegando "su hermosa calavera",
y reclamó entonces, cuentan, el consuelo
para la madre como último suspiro,
mojando suelo, corazones y SAMU,
encharcando el mar
entre Sagunto y San Juan de Requena,
el día de la fiesta del bautista.
Señales.
Llovió mucho, todo el viaje.
Llovió también en Requena,
junto a la tumba de su padre.
Llovió en Valencia,
donde hicimos noche y donde se hizo vida,
con sus ojos y su entraña,
tan adorables, esa noche terrible.
Señales que M., compañera,
ilustró con tacto, hablando
en la casa de los muertos
de llamadas de vida, para otros,
para unos cuantos,
desde su penúltima cama...
Señales de libros, que de mano
de amigos muertos antes,
nos hablan de llamadas últimas,
ahora con hojas arrugadas,
secas tras el remojo de aquel día.
Señal también de un libro
de dedicatoria pendiente,
para leer de nuevo, yo creo.
Me pidió permiso para el Octubre, octubre,
y se lo di para facilitar el trago
(no sufras, ése vale)
de regalar y celebrar
un medio siglo sin ganas, el mío.
Que el suyo fue el año pasado,
y no hubo revuelo, tampoco,
aunque gracias a él hubo reencuentros
del grupo del cole y del insti.
Y recuperó amigos, que no perdió nunca,
porque siempre quiso mucho,
y porque nunca perdió el tiempo
regodeándose en rencores.
Se va secando la ramita de tomillo
que he cogido por compañía,
para ocupar el vacío
de mis pulmones, que en expirar
se vuelcan, que por vaciarse
anhelan. Que huela bien
su tiempo, su verso y su esquela,
como su piel entonces, solo la suya.
La vida sigue, sí, pese al desgarro,
sobre la herida cabe el abandono.
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| (esta foto la hizo ella, en Venecia, el año pasado y ahora había empezado a jugar con colores y efectos de editor de fotos en su ordenador nuevo) |
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