Carta de amor
Toda ausencia es inexorable
Soy la fiera y el círculo y la jaula
Soy el cadáver y sus perplejos
Soy el desesperado y su ironía
Soy el eclipse de mi rabia
Y soy la rabia de mi desconsuelo
Soy el ahorcado que no tiene soga
Soy el guerrillero sin armas
Y soy el predicador mudo
Soy el odio sin su puñal
Soy el terremoto sujeto
Y soy el cataclismo inútil
Soy ese lado de la distancia
En medio de la nada y el mundo
El universo y el vacío
Toda ausencia es inexorable
Félix Grande, Las rubáiyátas de Horacio Martín, 30.01.2014
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jueves, 30 de enero de 2014
viernes, 17 de enero de 2014
Estigia
![]() |
| Theodor Kittelsen, Ekko, 1888 |
He fugit de Caront amb els meus amics
sobre les negres aigües de la infància,saludant el miratge de l'or en la riba...
La neu, però, ha trobat lliure d’obstacles
el camí de les meves temples,
el límit exacte dels meus desitjos...
Un tel de son impedeix el vol avui
de les velles ales meves de nen vell.
No així, però, el record del joc amb ells...
lunes, 6 de enero de 2014
canvi d'any, uns dies de pluja...
i un concert per sentir els nostres anfitrions...
Després,
amb oratge de poques bromes,
una exposició deliciosa...
una altra expo amb ressonància d'amigues:
MAGDALENA ATRIA: CENOTES Geometrías de plastilina...
i una altra 'petada' de nens cridaners
LA VILLA DE LOS PAPIROS. La Villa de Herculano y su biblioteca
a Casa del Lector...
jueves, 19 de diciembre de 2013
jueves, 12 de diciembre de 2013
OVILLO DESMADEJADO
Animalito despeluchado, cojo y sordo. Casi como el amo.
Los dos madrugan su vejez, emigrantes de un campo bucólico y crudo a la ciudad sin cocinar que no está hecha para paladares con pocos dientes.
Los dos madrugan su vejez, emigrantes de un campo bucólico y crudo a la ciudad sin cocinar que no está hecha para paladares con pocos dientes.
La acera que ocupa la parada del bus, tres portales, le cuesta al más pequeño un esfuerzo de titanes. Cada paso, un dolor nuevo y una victoria triste. Bajan los dos a la calle a airear sus días de piso sin tierra y a intentar las heces el pequeño. El esfuerzo, a menudo, mayor que el paseo.
Los dos sordos caminan lento, cada mañana. Yo los oigo mientras espero mi universo diario, mi sordo cautiverio de ruedas municipales. Uno delante y el otro siguiéndole. Los dos llamándose. Ellos llegan a la esquina uno después del otro y yo, más tarde, al curro.
Hoy paseaba solo el sordo de dos piernas, el que ladraba más. Ha mirado hacia atrás dos veces, pero ya no ha llamado al compañero, aunque sus ojos lo han buscado. También nosotros.
El ruido de sus voces, hoy, muy sordo. Y molesto. Hemos ido al curro los de mi calle todos despeluchados.
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