martes, 16 de abril de 2013

doña Ángeles no se había ido...

Durante mucho tiempo seguí, fiel y callado, su Puerto Libre, y amé cuánto escribió, en el blog y en sus libros.
Se despidió y no la busqué, aunque entraba a ratos a releer sus posts, como releo a veces sus cuentos. Y como la he seguido en Nexos cada mes.
La mano que me acompaña me enseñó en la librería su última aventura ¿has visto? y vi.
Sabía que dejó libre su Puerto porque estaba escribiendo un libro nuevo.
No puedo evitarlo. Antes de ser escrito ya me había elegido él a mí.
Está encima de la mesa de mi sofá, mirándome, con sus hojas todavía nuevas, con su olor a librería y su promesa de paladeo.
Estos días la he buscado por la red. Y hay un segundo puerto, más reposado, con poquitas entradas, sin agobios de patrocinadores, un puerto libre sencillo, bajo sus ojos que se suman a un faro y del que parece que parten unos pájaros, llámenlos gaviotas si quieren...
Navegando alrededor de su faro, este regalito que nos enlaza:



Adoro a Ángeles Mastretta y lo que escribe. Y cómo acaricia el castellano de México. Y lo que cuenta. Y los personajes que inventa. Quiero atrasar acabar de leer el libro.
De momento, voy a probar retrasando empezarlo.

2 comentarios:

  1. A mi també m'agrada com s'expressa, el que diu i aquest meravellós accent mexicà.

    Hi haurà ressenya després del plaer de retardar la lectura?...

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    1. retardada, és clar, d'aquestes que fan pum!

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